acerca de palomino

Sobre Dolores Palomino

Dolores Palomino nace en Madrid el año 1958. Pronto cambia su residencia trasladándose su familia a la isla de Mallorca. Por tanto, ya desde su más tierna infancia, la luz rutilante del Mediterráneo anega sus ojos. Sus dotes artísticas surtieron como un torrente irrefrenable. Sus educadores la ponían como ejemplo a seguir, como modelo para sus compañeros por las dotes artísticas mostradas. Las matrículas de honor en dibujo artístico eran habituales. En la única materia que las conseguía, por cierto.

En la adolescencia su espíritu rebelde e inconformista la enfrenta con la cruda realidad. Ésta es tenaz y, a pesar de comenzar en España una nueva etapa política muy esperanzadora, sufre en sus propias carnes las dificultades de la mujer para abrirse camino en el mundo del arte. Al igual que en otras disciplinas más sólidas. Tiene que empezar a trabajar para poder sufragar los gastos y durante varios años compagina el aprendizaje con el trabajo para ganar el sustento. Eso genera en ella una gran capacidad de resistencia y lucha, armas con las que más adelante se enfrentará a los grandes retos artísticos por venir. Luego de diversas decepciones logra que Alceu Ribeiro la admita en su taller. Alceu le abre las puertas de un mundo nuevo, infinito y maravilloso. Sin limitaciones de ningún tipo le muestra los múltiples caminos expresivos de que dispone un buen artista. Por ellos transita, disfruta, navega a lo largo de doce años.

Mascaró Pasarius dice de ella, durante una exposición celebrada en Valldemossa en 1991: «Se adivina la mano sabia de su maestro, el genial Alceu Ribeiro, pero también hay que decir que Dolores ya vuela sola, bajo el más bello azul y esperanzador de los cielos».

Y por fin, el maestro le da la alternativa. Corría el año 1992.

Ese mismo año, ya en su taller, gana el concurso internacional de pintura Mostra de la cuina en su octava edición. El cuadro es un bodegón con marcados tintes postimpresionistas.

Desde sus inicios artísticos muestra siempre una especial querencia por el postimpresionismo y el fauvismo francés. Cierto es que también navega por las aguas del expresionismo, pero siempre muy alejada del expresionismo abstracto. La expresión mediante el color y las líneas contorneando formas traspasadas conforma su impronta. Las influencias de Van Gogh, Cézanne, Gauguin y, sobre todo, de Modigliani son palpables a lo largo de toda su trayectoria artística. También la influencia de su maestro está presente.

Pronto consigue cierta notoriedad y comienza a colaborar con galeristas, inicialmente de Mallorca. Con ellos participa en ferias de arte en Valencia Toulouse y París. Con galeristas peninsulares muestra su obra en diversas ciudades de España y participa en ferias internacionales de Estados Unidos, Alemania, donde alcanza un notable éxito quizá por su proximidad dialéctica con el movimiento Der Blaue Reiter, Rusia y Japón.

Víctor S. Lacambre, manifiesta en una visita al estudio de Dolores: «Mano firme, de hombre, la que lleva a Lola por los caminos del expresionismo mediterráneo. La irrupción de la luz, incontenible, que imposibilita la labor contenedora de la línea firme, negra, que quiere marcar distancias, nos sorprende con una paleta viva, ilusionante, frenéticamente alegre y nos devuelve a nuestros sueños, en que todo era posible y por encima de todo, bello. Su obra, siendo real, es belleza en estado puro»

En 2013 inaugura su taller de Mexico DF. Allí entra en contacto con las vanguardias mexicanas que le producen una honda impresión. El esplendor mexicano de principios del siglo pasado. La grandiosidad del muralismo, su proverbial comunicación con las clases menos ilustradas y el expresionismo ideológico de las obras también logran franquear su capacidad de éxtasis, al igual que su admiración por la personalidad de Frida Kahlo.

También experimenta la escultura. Y lo hace con valentía, empleando materiales menos nobles, materiales de desecho que, a la vista del artista y convenientemente manejados, vuelven a la realidad existencial de la mano de Dolores. Se podría convenir que sus obras escultóricas son cuadros en tres dimensiones, bustos de personas creadas por la mano de la artista parecen transfigurados de retratos.

Carlos Jover, a propósito de la escultura de Dolores, nos dice: «llama la atención Dolores Palomino, que presenta tres testas descaradas, ejecutadas con materiales plásticos reciclados, en las que se percibe el poso de la obra de “los salvajes” alemanes, como por ejemplo de Markus Lüpertz, aunque desprovisto en este caso del dramatismo y simbología del teutón» Comentario al hilo de una exposición en La Misericordia, de Palma de Mallorca, celebrada en el año 2010.

Yo mismo, en la primera exposición que presencié de Dolores, en Barcelona, pude sentir el placer de mirar la belleza sin más. Estudiando más a fondo las obras que allí presencié, comprendí que era muy difícil definir lo que estaba presenciando y que alteraba mi estado de ánimo. Los colores, la líneas, las formas desfiguradas, las manchas, todo estaba allí de tal manera que, si las analizabas por separado, no eran más que lo que pretendían ser. Solo si se observa la obra en su conjunto, alejado de premisas preestablecidas, es cuando alcanzas a ver la verdadera magnitud, la grandiosidad del cuadro. Desde aquel día del año 2005 me convertí en un ferviente admirador de Dolores Palomino.

Francesc Gal